La alforja


al hombre manta de silencio
 

por supuesto ahora tengo mi colchón de pecados
mi estrago de sexo
mi opulento manjar de hombre que pierna a pierna crea bocas donde antes había sólo piel de pato
por supuesto ahora gozo de gripes comunes
de espasmo a dúo
de rociado vientre húmedo
y entonces todo lo demás cobra la dimensión de una pulga
un miligramo de droga inofensiva
ahora mido mi paso en zarpazo de pez aletargado
mi codo es sinónimo de goce en sí mismo
y casi no bebo de nadie más en días de lluvia
 
 
Patricia Díaz Bialet
en Agualava