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Hay gotas en la piel que me lastiman;
hay gotas de metal, gotas inmensas,
duras como planetas, como bueyes
astillados arriba de mis hombros,
sobre mi corazón lleno de orugas.

Hay gotas en la piel que me conocen;
que me cantan y nombran y perdonan
cuando estoy solo, y caen desde la noche
infinitos terrores y ciudades.

Y hay otras que se van, que no me tocan
y que jamás sabré cómo se pierden.

 
Speroni Roberto Themis
en Paciencia por la muerte, 1963.