Café pedantesco

 
Nos encontramos en la calle,
dijo vamos a un café y hablamos largo.
Allá empezó con esto y lo otro...
y haciéndose el agrandao
habló hasta por los codos de nada.

Se refirió al filósofo Kant
como si fuera un can callejero
digno de pegarle una patada.
No le fue mejor a Platón:
lo comparó con un plato grande
vacío de verdades.

Su verborragia entró en la horticultura
y se fue por el lao de los tomates
como si a mí un rábano me importara.

Hizo un breve silencio para mirarme ufano
como diciendo ¿viste todo lo que sé yo?
Se limpió la boca con el dorso de la mano,
encaró por el lao de la política
y ahí fue cuando consulté mi reló y
levantando los ojos al cielo dije adiós.

Jorge Leónidas Escudero
en Aún ir a unir, 2010.