Puedo creerle a mi tímpano


Por qué la dama Palas apoya su pico en el reborde del mundo
por qué pues esculpe un árbol en la corteza del conocimiento
por qué pues mira bajo el árbol del conocimiento
y descubre que no tiene raíces
así pues la razón del hombre roza su árida túnica
le sienta bien
la camisa de noche se muda en un vuelo de pájaros
de pronto el viento silba a la izquierda
y sin hacer ruido cubre a la diosa
con banderas pestilentes de hielo espumante
los hilos tendidos del destino susurran tumultuosamente
dan signos de orgullo humano
de impaciencia y de lasitud
el primer anti-hombre agita suavemente el abanico de su voz
y mira la lubricidad de los anti-pájaros a los que alienta
a que construyan una sonrisa en el árbol de fuego
en el fondo del país de los anti
así pues la dama Palas truena los dedos
extrae su reloj del forro
lo consulta
y lo arroja al océano del mundo.
 
Max Ernst
trad. de Salvador Elizondo

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