Julio Huasi

Julio Ciesler
Parque Patricios, Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 20 de marzo de 1935 - 11 de marzo de 1987.
Derrotas / Increíble de la suerte / Materialismo histórico / Entrenamiento / Muertos del pueblo, uníos / Humanería / El cadáver rugiente de Pablo de Rokha.
 

Derrotas

procedo de una antigua dinastía de vencidos,
qué no hemos perdido me pregunto,
perdimos el paraíso y el favor de dios,
la virginidad, el prepucio, la inocencia ,
perdimos las guerras y por ende la paz,
la fe, la razón, los dientes, la salud,
hará cien años que un abuelo perdió
su único ojo en un vaso de aguardiente,
lo castigó, según dijo, pues lloraba,
cuando creímos que los cielos se apiadaban
perdimos la camisa, las ollas, la última moneda,
el rancho, la tierra y el país entero,
la voz, la libertad, el pellejo,
el amor, el trabajo, las ganas de vivir,
el séptimo mandamiento, y el buen nombre,
la ilusión, el caballo, los testículos,
últimamente hemos perdido la paciencia
y ya no queda nada por perder, excepto
la memoria, el tesoro de nuestro destino,
recen ahora, dueños del mundo.


Increíble de la suerte

A ver ustedes, con la mano en el corazón
díganme, digan si no es hora que
nos juguemos la piel a cara o ceca
para que el pueblo saque la sortija,
antes que suenen las sirenas y el
caballo ciego empiece de nuevo.


Materialismo histórico

andaba tan delgado, chocaba con las gentes
y no sabían a quién pedir disculpas,
sólo veían un diario alejando su página política,
ya era un hálito, el espejo no me reflejaba,
para salir a las calles ponía en el bolsillo
un croquis de mi persona por si me desarmaba
y una bola de hierro para que el viento no me eleve.
Me fui transformando en una espina sin rostro,
ya no era un hombre, tan sólo una película aérea,
nadie como yo soñaba una reencarnación,
vulneraba la ley de gravedad, no daba sombra,
me quedaban dos neuronas y tres glóbulos rojos cada vez más pálidos.
Un día olvidé mis precauciones mínimas,
el viento me alzó como a un átomo sin eslabones,
royó mis ropas dejando mis costillas al aire,
volé donde quiso hasta que descubrí otros congéneres
que agitaban como yo sus calaveras por el cielo frío,
nos fuimos enganchando, poco a poco ajustamos
nuestros extraños sujetos como una gran crucifixión
enhebrando los huecos torácicos cada vez más densamente
hasta que al fin oscurecimos la atmósfera.
Ahora volamos, sí, pero al contrataque,
nuestros huesos exterminadores bombardean el mundo
hasta no dejar en pie ningún rey, ninguna miseria.
Entonces bajaremos cubiertos de carne estival
a darnos besos.


Entrenamiento

prepárate para lo peor si quieres acostarte con la libertad,
prepárate incluso a tenderte con ella bajo la tierra si la amas,
si quieres un pan sin cuervos preestablecidos en tu boca,
un vino sin pobres ahorcados en el vaso, una cuchara
sin aullidos de niños muertos, sus vientres como cópulas
de observatorios con los mil ojos prensados del hambre,
una cama sin futuros esclavos entre las cuatro piernas,
un invierno sin lágrimas por techo, una almohada sin viudas
sepultando en su seno noche a noche los agujeros de sus difuntos,
aprende entonces a artillar en la tinieblas, parar la bala,
para desclavar tu cristo primero cortarás las manos de los
crucificadores prontos siempre a reponer y remachar tu figurita en escarmiento,
si una patria sin boas, si una américa tuya, un planeta rodando sobre los besos,
arrancarás las armas a tus antiguos bebedores, tal es el dilema,
muérelos antes que te mueran porque ellos no vacilarán,
no te cubras con paraguas ilusos, te lloverá tu propia sangre en vano,
ponle gatillo a tus testículos, tus senos, dispáralos
como ráfagas de bolívares macho y hembra, prepárate,
desde ya a ser un hombre si es que quieres ser un hombre,
tu ira especialmente requiere una técnica superior, luz estratégica,
átate a los tuyos con las venas, despierta tus colmillos para vencer
al lobo, si quieres montar el sol haz de quemarte en pelo,
ningún cordero se salvó balando


Muertos del pueblo, uníos

ustedes cuyos cráneos ruedan por américa
y en américa dejaron sus amargos cueros
que sirvieron para forrar la historia
de las balas que llueven sin respuesta
sobre este viejo paraguas de sangre,
sepan ustedes que perturban la paz
y colman de zozobra el equilibrio nuclear.
Se los conmina a guarecerse en los sepulcros
con disciplina y a la hora que ordena esta ley
mientras prosiguen las negociaciones.
Notifíquese, cúmplase, entiérrese.


Humanería

el hombre es una estrella orgánica formada
por siete décimas partes de agua (impía);
el resto es un sólido furor, un fuego obseso
que lo incinera tenuemente en la olla mundial,
sus cinco puntas crepitan apasionadas.
Mi conmoribundo es una burbuja crucial, un gas equívoco,
una ebullición que rota sin aliento
y es muy riesgoso calentarse en demasía,
uno exhala un humito y se evapora.
Seres tan líquidos unos beben a los otros
y éstos perdidas por perdidos, en el último
suspiro de su deshidratación bramando
escupen llamas, arman un gran hervor final
para abolir la succión del hombre por el hombre.


El cadáver rugiente de Pablo de Rokha

Pablo de Rokha comía cabezas de cordero, abraham del arauco,
arriero de altas cumbres fundió la gran metáfora de los andes
y erigió su volcán perenne con ladrillos de versos faraónicos,
vendía sus libros por los pueblos como quien vende peces
con un olor a pobreza que los próceres jamás perdonarían,
bendijo con chacoli su fundación del barroco popular americano,
poeta de anticipaciones geniales y gigantes inocencias
no supo jugar a las florerías de salón y perdió como un pobre
niño ingenuo,
quien se mofara clamando una gran necrópolis para una gran

Julio Huasi