Roberto Ledesma

Buenos Aires, 1901 - 1966.
Últimas horas de vigilia / Coplas de la espera y la muerte / Éxtasis / Lo que yo abandoné / Semisoneto de tu nombre / Nunca / Montaña interior / La mirada desnuda / Cierto aire, cierta luz.
 
Poesía devota: Roberto Ledesma (Grillo Maggio, 2013)
  Roberto Sin Ruidos Ledesma cultivó, además de las formas clásicas, el verso libre, el verso en prosa, el semisoneto, el micropoema, el lenguaje comprimido. Su devoción literaria le llevó a ser parte de la primera comisión directiva de la Sociedad Argentina de Escritores donde conoció a Roberto Arlt y a Francisco Luis Bernárdez. Se casó con la poeta Amalia Banchs, hermana menor del poeta Enrique Banchs.
  "Transfiguras" recibió un segundo premio municipal en 1933, diez años más tarde logró una mención de honor por "Nivel del cielo", mismo año en que le fue otorgado el Premio Nacional de Poesía por "Tiempo sin ceniza".
  Ledesma amaba la ciencia, había abandonado sus estudios de medicina para dedicarse a la poesía. Con el dinero de uno de los premios compró un microscopio; dicen que Roberto Arlt tomó rasgos de Ledesma para Erdosain.
  Correspondió a una época de gran fertilidad en las letras de Buenos Aires, Eduardo González Lanuza fue de las pocas intelectualidades de aquel entonces que permearon en la poesía de Roberto Ledesma; de su prólogo afectuoso a la edición de "La llama" (1955) copié los segmentos que terminan esta entrada. El pequeño ejemplar había sido salvado de una montaña de libros en oferta, por el valor de unos pañuelos descartables. Regalé "La llama" a un personaje especial que conocí en el Parque Las Heras, mucho después volví a encontrar el mismo libro y elaboré una breve monografía, compilando datos y poemas, hace poco rescaté ejemplares de "Juan sin ruido", novela breve que destina a la juventud, con un héroe salvaje y cristiano que huye a través de variadas regiones de nuestra Pampa. Es como ´el grillo, que usted llega y ya no se l´oye. A continuación fragmentos de "Cinco poetas argentinos", de Eduardo González Lanuza, donde un poeta señala el brillo y la estela de otro poeta:
Hay poetas en cuyas manos la sustancia parece evaporarse en puras esencialidades líricas: la realidad es una continua evanescencia para ellos y la poesía el acto mismo de desvanecimiento (...); pero en otros poetas, suceden las cosas a la inversa: Gabriela Mistral y Roberto Ledesma son ejemplos en quienes el acto público, más que un tránsito de la realidad a su esencia, es un recogimiento de la esencia en el seno de la realidad (...). No hay miedo de que se evapore el contenido poético, en Ledesma no existe la veleidad de lo gaseoso, sino la permanente certidumbre de lo sólido, el tono profundo no indica precisamente un tono patético, ni el nombre verdadero de las cosas tiene por qué ser complicado, y mucho menos artístico (...).