Francisco "Paco" Urondo

Santa Fe, Argentina, 10 de enero de 1930 - Guaymallén, Mendoza, 17 de junio de 1976.
 
Mensaje cifrado / La pura verdad (!) / La verdad es la única realidad / Historia antigua / Mi tierra querida / Peppermint / Algo / Body and Soul / Medalla de oro / Quiero denunciar... / La vuelta al pago / Ritornello / De las parejas bien constituidas / Benefacción / Muchas Gracias / Era un aire suave.
 
-Francisco Urondo, Obra Poética, Edición para el Ministerio de Educación de la Nación, Adriana Hidalgo editora, 2014.
 

Mensaje cifrado

Sólo te pido que dejemos este parque, que abandonemos
sus municiones, sus reproches para irnos por ahí, como
cascaritas
divertidas de pálidos carnavales; hielo y materia de olvido.
Porque
entre tirones y sufrimientos, la cosa se ha puesto
tan fácil, tan fácil, que nadie
puede resolver sus entusiasmos, ordenar sus festejos.


La pura verdad

Si ustedes lo permiten,
prefiero seguir viviendo.

Después de todo y de pensarlo bien, no tengo
motivos para quejarme o protestar:

siempre he vivido en la gloria:
nada importante me ha faltado.

Es cierto que nunca quise imposibles;
enamorado de las cosas de este mundo
con inconsciencia y dolor y miedo y apremio.

Muy de cerca he conocido la imperdonable alegría;
tuve sueños espantosos y buenos amores,
ligeros y culpables.

Me averguenza verme cubierto de pretensiones;
una gallina torpe,
melancólica, débil, poco interesante,
un abanico de plumas que el viento desprecia,
caminito que el tiempo ha borrado.

Los impulsos mordieron mi juventud y ahora,
sin darme cuenta, voy iniciando una madurez equilibrada,
capaz de enloquecer a cualquiera o aburrir de golpe.

Mis errores han sido olvidados definitivamente;
mi memoria ha muerto y se queja
con otros dioses varados en el sueño
y los malos sentimientos.

El perecedero, el sucio, el futuro, supo acobardarme,
pero lo he derrotado para siempre;
sé que futuro y memoria se vengarán algun día.

Pasaré desapercibido, con falsa humildad, como la Cenicienta,
aunque algunos me recuerden
con cariño o descubran mi zapatito
y también vayan muriendo.

No descarto la posibilidad de la fama y del dinero;
las bajas pasiones y la inclemencia.

La crueldad no me asusta y siempre viví deslumbrado
por el puro alcohol, el libro bien escrito, la carne perfecta.

Suelo confiar en mis fuerzas y en mi salud
y en mi destino y en la buena suerte:

sé que llegaré a ver la revolución, el salto temido
y acariciado, golpeando a la puerta de nuestra desidia.

Estoy seguro de llegar a vivir en el corazón de una palabra;
compartir este calor, esta fatalidad que quieta no sirve y se corrompe.

Puedo hablar y escuchar la luz
y el color de la piel amada y enemiga y cercana.

Tocar el sueño y la impureza,
nacer con cada temblor gastado en la huida

Tropiezos heridos de muerte;
esperanza y dolor y cansancio y ganas.

Estar hablando, sostener
esta victoria, este puño; saludar, despedirme

Sin jactancias puedo decir
que la vida es lo mejor que conozco.


La verdad es la única realidad

Del otro lado de la reja está la realidad,
de este lado de la reja también está la realidad;
la única irreal es la reja;
la libertad es real aunque no se sabe bien
si pertenece al mundo de los vivos,
al mundo de los muertos,
al mundo de las fantasías
o al mundo de la vigilia,
al de la explotación o de la producción.
Los sueños, sueños son; los recuerdos, aquel
cuerpo, ese vaso de vino, el amor y
las flaquezas del amor, por supuesto, forman
parte de la realidad; un disparo en la noche,
en la frente de estos hermanos, de estos hijos, aquellos
gritos irreales de dolor real de los torturados
en el angelus eterno y siniestro en una brigada de policía cualquiera
son parte de la memoria, no suponen
necesariamente el presente, pero pertenecen a
la realidad. La única aparente
es la reja cuadriculando el cielo, el canto
perdido de un preso, ladrón o combatiente, la voz
fusilada, resucitada al tercer día en un vuelo inmenso cubriendo la Patagonia
porque las masacres, las redenciones, pertenecen a la realidad, como
la esperanza rescatada de la pólvora, de la inocencia
estival: son la realidad, como el coraje y la convalecencia del miedo,
ese aire que se resiste a volver después del peligro
como los designios de todo un pueblo
que marcha hacia la victoria
o hacia la muerte, que tropieza, que aprende a
defenderse, a rescatar lo suyo, su realidad.
Aunque parezca a veces una mentira, la única
mentira no es siquiera la traición,
es simplemente una reja que no pertenece a la realidad.
 
Cárcel de Villa Devoto, abril de 1973
 
Historia antigua

Es cuando la tarde arremete.

Cuando el sudor se complica con los recuerdos, la sangre y los sueños.

Es cuando no sabemos de qué lado estar.

Pero no hay que alarmarse, nos quedaremos hasta que las velas ardan.


Mi tierra querida

Ya es hora de perder
la inocencia, ese
estupor de las criaturas que todavía
no pudieron hacerse cargo
de la memoria...
del mundo al que recién nacieron.

Pero nosotros, hombres
grandes ya, podemos olvidar, sabemos
perfectamente qué tendríamos
que hacer para dañar
el presente, para romperlo.

Aquí nadie
tiene derecho a distraerse,
a estar asustado, a rozar
la indignación, a exclamar su sorpresa.


Peppermint 

a Juan Gelman
a Juan Carlos Portantiero

 
no cantan
los que nunca conocieron una esperanza

dicen que la esperanza no aparece
y que algo se derrumba

dicen que se desliza la vida
por la pendiente donde comienza

que está en un declive
que se desploma por naturaleza
que la vida no es vida

no escuchan las risas que empujan al amanecer
ni el canto último del ebrio extenuado
que se aleja
abandonando la noche con indecisión

saben que caer es difícil
que después de los brindis
vienen los sueños y los presagios
que es penoso tranquilizar el corazón alegre
y el abandonado

nadie se atreve a cantar
junto al endurecido silencio
sin promesas.


Algo
 
a Rubén Rodríguez Aragón

con tu muerte
algo vendrá
algo que jamás sacudió
tu conciencia

no importará
la tierra que te rodea
el árbol que te soporta
el agua que admitió tu pereza

no será algo
que ahora retumba en tu memoria
ni las resonancias que prefirió olvidar

vendrá algo sin vínculos
una lluvia sin pasado
sin gestos censurables
o bondadosos

no estará en juego
tu salvación
tampoco el olvido
ni el arrepentimiento

el "ángel tuerto"
no vendrá a consolarte
no será necesario
y olvidarás también el consuelo
para tu corazón
no habrá consuelo el día en que caigas

no habrá estaciones
ni pájaros
ni trenes
ni alcohol
ni sangre penosa que aguantar

no por eso habrá descanso
el día en que llegue algo que no suponías
algo que vendrá a reclamar
el lugar en el mundo
que supiste negarle

una indescriptible culpa
haciendo estallar las huellas
que minuciosamente lograbas distribuir

ningún rastro
con tu muerte
vendrá una nueva
y desconocida vergüenza


Body and Soul
 
a Noé Jitrik
 
espera inútilmente
el amanecer

cuando el sol asoma
nadie logra
que esa humedad salvaje
se libere de sus sombras

no podrás imaginar el canto secreto de ese momento
ni dibujar el contorno de su sombra

así a plena luz es en vano
el horizonte
se disimula en las luces muertas
aparentemente inofensivas

nadie puede comprender
la ferocidad
inútil de esa luz cerrada
y de esta humedad que no sirve


Medalla de oro

Dicen –los adictos- que soy el mejor poeta del país. No son
adulones, ni tampoco muy amigos –también los hay-; lo
dicen por ofuscación y por desconocer los poemas últimos
de un norteamericano que Gelman inventó, por
no saber de Bayley o Madariaga. Olvidan
a César o a Jitrik con la coartada, a veces
paladina de que uno está lejos
y el otro tiene nombre de batalla.

Dicen –aunque ahora leyendo esto tal
vez lo nieguen- que soy el mejor
poeta argentino. Les diría más –si de orgullo
o de vanidad se trata-: con otros –Adoun, Cisneros, Lihn,
por volcarme
sobre las aguas madres y liberadoras del Pacífico-, en estas
hablas y en estas latitudes de la cristiandad- donde cada vez
se habla peor el francés, y ya le llegará el turno
a los sajones con sus dialectos
moscovitas y germánicos y tersos
como los toboganes-, somos y venimos
haciendo las cosas con tal precisión, tan mal, con tanto
irreconocible vuelo o inmersión- no se sabe bien-, que parecen
nuevas, hermosas se diría, alentando
el futuro, reinando en la esperanza informe de una nueva vida.

Dicen –o lo dan a entender- que soy el mejor poeta nacional,
cinturón
negro, cámara junior de todos los pesos, consumidor
de gloria election, salvado
de los ciertos, pero diminutos heroísmos, como
vivir todos los días, dejar el granito explosivo y anónimo.

Dicen –pueden dejar de decirlo- que soy el mejor poeta, aunque
-no hay que dejarse llevar- también dicen que estoy
listo: tiempo perdido, evaporado, con alta
graduación al tomar contacto con la celeste
carne de mujer, oh maravilla; y los
más benévolos que afirman –sin
reconocer que en alguna medida
me están citando- que no coinciden
las cosas que digo, con las que hago; que soy un proclamador
y nadie sabe ciertamente
qué hago y no han entendido bien lo que quise decir, hombres
como yo, ocluidos por la transición, por los consabidos
riesgos del mundo que se transforma o explota.

Dicen y a lo mejor es cierto: hijo
de la phaelatio de Palas
Atenea y las caricias de Praxíteles – salivas
de Giacomenti han lubricado el parto-, me jacto de haber
puesto de espaldas a varias señoritas- de las cosas
serias no me jacto-, hemos vencido al enemigo. Nos hemos reído
a carcajadas de los episodios –tristes hasta
la grosería fatua- que nos ha tocado protagonizar, como la soledad
con amor, o la impotencia sin amor, o el amor sin amor, o
con amor controvertido o sin nada, ni nadie.

Soy el mejor poeta del país y yo no encuentro
este país que ni hago ni destruyo: un pasado oculto, una tierra
ocupada de la que puedo ser el mejor poeta, aunque nadie
sepa lo que es realmente una palabra en acción
revolucionando; nadie se preocupa
por los peligros venturosos de una poética, de una acción
que crezca y vuele
como las tormentas, de un propósito
que no se escape de las manos
ni de los sueños, como la nieve bella y fría.


Quiero denunciar...
 
Quiero denunciar ante todos, público
y clero, el robo de un par de anteojos, de alguna
camiseta sucia y pañuelo usado, un número
impreciso de poemas que venía escribiendo
en los ultimos años de esta guerra, un aparato
de televisor, discos, armas, souvenires
varios: un libro de Lenin, un disco
de don Pepe de la Matrona que me regalara
el Divino Divinsky por recomendación
del marqués del Conte, don Fernando
Quiñones, un asiento argelino, piedritas, cartas, dos botellas de vino
chileno, documentos reales y apócrifos y otras
cosas pequeñas pero queridas,
nada de esto, ni de otras cosas que
omito han reaparecido. Fueron
robados por la policía en mi domicilio, entonces
ilegal para ellos. Las armas perdidas ya
han sido debidamente detalladas; las largas
y las cortas, las buenas y las malas. Los
objetos eran comunes, como esos que se venden
por allí; los versos hablaban de una 11,25 que
ha dejado una marca en el nacimiento
de mi muslo izquierdo; otro hacía referencia
a los problemas de la balística en relación con
los sentimientos; uno recordaba el miedo
que tenía el sargento cuando
fuera atacado por sorpresa, y otros
temas que he olvidado por buenas razones. Algunos de
estos papeles desaparecidos por el miedo que la policía
metió a mucha gente, entre ellos a una mujer llamada
Lucila, que materialmente quemó uno que otro.
Otros fueron destruidos por la propia policía o los militares
de los servicios de informaciones que también me llevaron. Hago
esta denuncia, especialmente por la perdida
de armas y poemas, ya que ambas son irreparables, han
sido robadas al pueblo de la republica, a
quien materialmente pertenecían.


La vuelta al pago

No quiero volver
a ese lugar
intransitable
y escuálido donde todo parece dormido.

Quiero calor,
dolor; sin soledades
sentir
alegría, a pesar de todo.

No quiero ausencias,
ni lágrimas. No me gustan
la madres, ni las caricias, ni los buenos entendidos:
fortunas quietas, venturas inanimadas:
llegar de otros lugares,
para volver. Regresar
a mi punto de partida,
verterme como una jarra seca y consecuente.

No quiero seguir durmiendo
junto a esa fuente
que ninguna sed calma. Propongo
vivir sin dominios, simplemente.

No tengo ganas de regresar,
que mi santo sepulcro no pretenda esperarme. Quiero
inventarlo a último momento
sin pensar demasiado, sin mucho rencor,
cuando sea necesario.


Ritornello

Creían vivir más adelante, estar
en el centro del mundo y eran
sombras nonatas en los sótanos
de la historia, en los bordes
olvidados del continente: un charqui
impoluto y ciego como las arañas y los mudos
y los vegetales, engañando para no estallar, guardando
las ganas para otras oportunidades,
aguantando hasta que llegue de una vez ese pícaro
dedito, les ponga la sal y se los coma
a todos. Creían
ver la luz del mar, el rugido del tiempo.


De las parejas bien constituidas

Su amor era un cariño
agrandado por la proximidad: el sol
lo cuarteó definitivamente.
Nada tienen que ver, basta
de palabras dulces o prudentes; a reventar
se ha dicho, a enfrentar solos, la soledad.
Ya son grandecitos para
temblar de miedo. Un cobarde
viejo, no es un joven enamorado.


Benefacción

Piedad para los equivocados, para
los que apuraron el paso y los torpes
de lentitud. Para los que hablaron bajo tortura
o presión de cualquier tipo, para los que supieron
callar a tiempo o no pudieron mover
un dedo; perdón por los desaires con que me trata
la suerte; por titubeos y balbuceos. Perdón
por el campo que crece en estos espacios de la
época
trabajosa, soberbia. Perdón
por dejarse acunar entre huesos
y tierras, sabihondos y suicidas, ardores
y ocasos, imaginaciones perdidas y penumbras.


Muchas gracias

Sirve y me inclino
ante tu palabra, luz de mi pensamiento. Abrirán
las puertas, dejarán entender: los artistas, los
intelectuales, siempre
han sacudido el polvo de la realidad; descubrieron
caminos, emancipaciones
que no siempre lograron recorrer: era
prematuro en algunos casos, en otros fue distinto
–convengamos–, otras palabras son, bajar
la corredera de la mira, buscar con el guión
y dar justamente sobre algo que puede
moverse; un bulto,
un meneo a menos de cien metros
de tu corazón vulnerable, también enemigo.

La suerte ha dejado aquí de andar
fallando: se encendió la luz y pudo verse el caos, las
flagrancias: esa mano
allí, esta codicia; el miedo y otras mezquindades se pusieron
en evidencia y el amor
no aparecía por ninguna parte. Recompuestos
de la sorpresa, rendidos ante los hechos, nadie
pudo negar que en este país, en este
continente, nos estamos todos muriendo de vergüenza.

Aquí estoy perdiendo amigos, buscando
viejos compañeros de armas, ganándome tardíamente
la vida, queriendo respirar
trozos de esperanzas, bocanadas de aliento; salir
volando para no hacer agua,
para ver toda la tierra y caer en sus brazos.


Era un aire suave

amor
es cosa negra
fácil

mi amor
es lo que no fue posible ceder
o lo que ellas tal vez perdieron

mi amor
es lo que no logró consolidarse
o permanecer

mi amor es algo sagrado
inexorable
incapaz

mi amor no tiene juegos ni alternativas

no tiene relámpagos
es opaco
no estima

es torpe
se destruye
 
Paco Urondo