Una mano extrae el sueño

 
 
Entre la sombra de pupilas fosforescentes
Y la ventana por donde la noche acaba de salir.
Día rodeado de olvido en descenso por cordeles de aire
Y que sale de lo nuestro apagado en un fondo azul.
De lo nuestro que huye a lo lejos y lo más cerca de la sangre

Con la garganta llena de raíces.
Día de abismo en el costado semidespierto sin llaves,
Prisionero de los pasos que regresan de súbito.
Una gran atmósfera nos sigue aproximándose y aproximándonos,
Una atmósfera de palomas muertas en lejano oído.
Hierbas del agua y maderas del cielo, pájaros submarinos y hojas de la tierra
En el día que viene con dificultad y apagándolo todo.

¿A qué llamado obedeces, luz encadenada a las patas de los pájaros?
Pareces en la negrura animada y transparente de tu espada cuando duermes
Y cuando se abren los acuarios del sueño y los peces salen de paseo
Y cuando tienden el oído los jardines y danzan desnudas sus estrellas de vidrio
Y cuando la electricidad de los bosques corre azul de copa en copa en lo alto
Y cuando el cielo desciende por largas escalas de humo.

Y cuando el viento hincha su tallo de ojos amarillos
Y cuando el agua despierta a las raíces prontamente vestidas de tierra cálida
Y cuando los arroyos desatan sus trenzas de palomas en línea
Y cuando el eco pregunta quién llama al borde de su espejo
Y cuando los nidos cimbran huevos y alas entre el aire que los visita
Y cuando las lámparas sonámbulas recogen la sangre de las estrellas que corren.
Y cuando partimos de nosotros mismos en pos de una isla vista y desaparecida
Y cuando la memoria nos sigue con pupilas a medio dormir
Y cuando cruzamos las algas y los vapores y los ramajes del cielo precipitado
Y cuando nuestra voz es una huella enredada en lo que deseamos conocer
Y cuando nuestros ojos atraviesan los vidrios nocturnos que nos rodean como ángeles
Y cuando nuestros pies conducen raíces y hojas y signos y olas y estatuas.

Y cuando lo que somos desaparece por puertas abiertas y olvidadas
Y cuando los objetos se animan y conversan y viven al oírnos pasar.
Y cuando los deseos perdidos se acercan vestidos de blanco
Y cuando los lechos hacen temblar sus sábanas como un libro que se abre.
Y cuando la vida nos toca el cuerpo libre a su imagen y semejanza
Y cuando la muerte nos oye salir con labios cerrados a su imagen y semejanza.

Y cuando a imagen y semejanza del sueño nos devolvemos oh, sonido,
Eres tú quien camina por las copas de los árboles del cielo
Eres tú quien corta los hilos cargados de mensajes y reflejos
Eres tú quien llega de pronto con larga cabellera húmeda y espada de sal.
Y somos nosotros quienes huimos hacia el alcohol de las amapolas nocturnas
Hacia los acuarios, hacia las raíces, hacia las cosas heridas de muerte.


Rosamel del Valle