Jardín zoológico

 
Si yo tuviera un sánguche de queso,
un jarrito de lata,
un guardapolvo blanco,
treinta condiscípulos y un chocolatín,
en un coche expreso del Anglo,
haría una excursión al Jardín.

Mi maestra de humildad enlutada,
(así la recuerda el corazón)
acentuaría el impulso cotidiano
del neurasténico coscorrón.

Maestrita malhumorada
por culpa de la soltería,
pero sin embargo humana
como una hermanita.

Queremos ir contigo
y no con la directora,
que casi siempre es una señora
mayestática e incomprensiva.

Tú irías con los zapatos gastados,
yo con los trompudos de charol
y el flaquito del banco de al lado
con los pantalones remendados
en forma de desilusión.

Yo quisiera que vayan todos,
todos los que fueron ayer,
con los mismos trajecitos,
con el mismo orgullo
y con la misma sencillez.

Pero pido tan sólo una cosa,
una cosa que está en la garganta.
Permiso para ir con el flaquito
y cederle la ventana.

Para no reírme de sus pantalones
y para esconderle el brillo de mi botín
y para darle medio sánguche de queso,
igual que Carlitos Chaplín.

Si yo tuviera treinta condiscípulos
y una maestra y un chocolatín,
iría de nuevo al Jardín.
Entonces el purrete que llevo en mi hombría,
mataría a aquel hombre que hubo en mi niñez.

Homero Manzi

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