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A veces



Escribir un poema se parece a un orgasmo:
mancha la tinta tanto como el semen,
empreña también más en ocasiones.
Tardes hay, sin embargo,
en las que manoseo las palabras,
muerdo sus senos y sus piernas ágiles,
les levanto las faldas con mis dedos,
las miro desde abajo,
les hago lo de siempre
y, pese a todo, ved:
¡no pasa nada!
Lo expresaba muy bien Cesar Vallejo:
"Lo digo y no me corro".
Pero él disimulaba.


Ángel González Muñiz

Elegía pura



Aquí no pasa nada,
salvo el tiempo:
irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha
y tira.


Ángel González Muñiz

Epílogo



Me arrepiento de tanta inútil queja,
      de tanta
tentación improcedente.
Son las reglas del juego inapelables
y justifican toda, cualquier pérdida.
Ahora
sólo lo inesperado o lo imposible
podría hacerme llorar:

una resurrección, ninguna muerte.
 
 
Ángel González Muñiz

El otoño se acerca



 El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.


Ángel González Muñiz

Inmortalidad de la nada

 
 Todo lo consumado en el amor
no será nunca gesta de gusanos.
 
Los despojos del mar roen apenas
los ojos que jamás
-porque te vieron-,
jamás
se comerá la tierra al fin del todo.
 
Yo he devorado tú
me has devorado
en un único incendio.
 
Abandona cuidados:
lo que ha ardido
ya nada tiene que temer del tiempo.
 
 
Ángel González Muñiz