![]() |
| María Josefa Mujia Chuquisaca, Bolivia, 1812 - 1888. |
Mostrando las entradas con la etiqueta Mujía María Josefa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Mujía María Josefa. Mostrar todas las entradas
El amor
Ídolo falso que el mortal adora
Y que insensato te erigió un altar,
Por quien el hombre su miseria llora,
De quien recibe solo un gran pesar.
Jamás cante tus triunfos, niño ciego;
No herirme pudo tu terrible arpón;
De tus saetas, de tu ardiente fuego,
Conservo ileso y libre el corazón.
Nunca manche las cuerdas de mi lira
Regando en ellas llanto de dolor
De engaños mil que tu deidad respira,
Con que penas sin fin causas traidor.
Mi puro labio de tu copa impía
Jamás gusto la emponzoñada miel,
Que al brindar viertes con sagaz falsía
Muerte, veneno y amargura y hiel.
Nunca mi oído se inclinó a tu acento;
Siempre tu halago lo creí falaz.
Mi alma inocente no perdió un momento
Su dulce calma, su tranquila paz.
Nunca cantar, tirano, tu victoria
Ni tributarte vil adoración
Es mi laurel, mi orgullo, dicha y gloria
Y el mas grato placer del corazón.
Si mi mejilla en llanto se humedece
Y si en el corazón hay amargor,
Si en el la angustia, la dolencia crece,
No es del acíbar de tu copa, amor.
No te conozco, y de esto me glorío!
Tu nombre odioso escucho con horror,
Y, al ver que causas males mil, impío,
Te dice el labio: ¡Maldición, amor!
Se que interés te vence, abate, humilla;
Se que los celos te dan gran temor;
Se que el mortal te inclina la rodilla.
Yo te desprecio y te maldigo, ¡amor!
María Josefa Mujía
La ciega
Todo es noche, noche oscura, y
a no veo la hermosura...
Ya no es bello el firmamento;
ya no tienen lucimiento
las estrellas en el cielo,
todo cubre un negro velo,
ni el día tiene esplendor,
no hay matices, no hay colores,
ya no hay plantas, ya no hay flores,
ni el campo tiene verdor...
lo que en el mundo adorna y viste;
todo es noche, noche triste
de confusión y pavor.
Doquier miro, doquier piso.
nada encuentro y no diviso
más que lobreguez y horror...
Y en medio de esta desdicha,
sólo me queda una dicha
y es la dicha de morir.
a no veo la hermosura...
Ya no es bello el firmamento;
ya no tienen lucimiento
las estrellas en el cielo,
todo cubre un negro velo,
ni el día tiene esplendor,
no hay matices, no hay colores,
ya no hay plantas, ya no hay flores,
ni el campo tiene verdor...
lo que en el mundo adorna y viste;
todo es noche, noche triste
de confusión y pavor.
Doquier miro, doquier piso.
nada encuentro y no diviso
más que lobreguez y horror...
Y en medio de esta desdicha,
sólo me queda una dicha
y es la dicha de morir.
María Josefa Mujía
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
