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Sentado con los muertos he comido
un tibio pan de grillos ante el ojo
de turmalina roja de la luna.
Estaban bien los muertos. Sus guitarras
de leche congelada, sus cabezas
notablemente erguidas en la noche.
Al lado de nosotros, los caballos
desflecaban la hierba cenicienta,
los tallos sigilosos del invierno
doblados por el peso del sudeste.
Luego les dije adiós, ya con el alba,
y no les pregunté, ¡qué enorme olvido!,
cuándo vendrían ellos a buscarme,
a compartir mi pan, mi antigua cena.
 
 
Speroni Roberto Themis
en Paciencia por la muerte, 1963