Nunca confíes en un hombre blanco, nunca mates a un judío, nunca firmes un contrato, nunca reserves un asiento. No te alistes en los ejércitos ni te cases con muchas mujeres, nunca escribas para revistas, nunca te rasques la urticaria. Pon siempre papel en el asiento, no creas en las guerras, consérvate limpio y aseado, nunca te cases con las putas. No pagues a un chantajista, nunca vayas con la ley, nunca confíes en un editor, o dormirás sobre paja. Todos tus amigos te dejarán, todos tus amigos morirán, así que lleva una vida limpia y sana y reúnete con ellos en el cielo.
Porque hemos pensado los pensamientos más largos y tomado el camino más corto. Y bailado tonadas demoníacas, temblando al ir a casa a rezar; para servir a un amo de noche, y a otro de día.
Los soldados nunca mueren bien; las cruces marcan los lugares, cruces de madera donde cayeron, clavadas sobre sus caras. Los soldados cantan, escupen y se crispan; todo el mundo brama con ira y desaprobación; los soldados se asfixian en la trinchera, sofocados durante todo el ataque.
Todos los ejércitos son iguales la publicidad es la fama la artillería hace el mismo viejo ruido el valor es un atributo de niños todos los viejos soldados tienen los ojos cansados todos los soldados oyen las mismas viejas mentiras los cadáveres siempre han atraído a las moscas.
La edad requería que cantáramos y nos cortáramos la lengua. La edad requería que fluyéramos y repiqueteáramos por el bitoque. La edad requería que bailáramos y nos estrujáramos en unos pantalones de hierro. Y al final a la edad se le entregó la clase de mierda que requería.