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Bajo el árbol



Al llegar la noche no podía dormir,
busqué mi cuaderno y me puse a escribir:

Un lugar chiquito
de arbustos enanos,
donde se escondían los escarabajos.

Entre sus raíces, bordeaba una fuente,
Cangrejos y peces saltaban de un puente.

Los niños veían castillos y duendes,
y carros fantasmas bailaban merengue.

La luna radiante
alegre cantaba
junto con los grillos
y un grupo de ranas.

 
Carmen Virginia Rodríguez
en Cuentos y poesías para niños

El Mundo al Revés



La tienda «El Mundo al Revés»
compra a cuatro y vende a tres.
Consigue así tal clientela
que vende que se las pela,
por eso cuesta un horror
llegar hasta el mostrador,
y el parroquiano apurado
compra todo equivocado.
La tortuga, siempre quieta,
lleva una motocicleta
La Hormiga, no la cigarra,
se ha comprado una guitarra,
y la Cigarra adquiría
-a plazos- una alcancía.
¿Para qué querrá una silla,
si no descansa, esta Ardilla?
Un tigre con mucha prisa
exigió un libro de misa
y el fiero lobo estepario
cuatro cirios y un rosario.
Este gallo, por señora,
elgió una incubadora
y el Pato hace un chiste malo:
pide una pata… de palo.
El Perezoso, ¡qué horror!
hoy usa despertador,
y el pacífico Cordero
un laque de cogotero.
Un cangurú saltarín
adquirió allí un trampolín.
-¿Un peso el cuello? ¡Qué estafa!-
protestaba la Jirafa.
Por si son cortos sus trancos
pidió la Cigüeña zancos,
y el Oso -es pura verdad-
un manual de urbanidad.
La Cebra, ¿no te desmayas?
se encargó un vestido a rayas.
La Liebre salió algo inquieta
llevándose una escopeta,
La Tórtola arrulladora
quiso una ametralladora,
y el Rinoceronte fiero
pues eligió un sonajero.
El Burro (sin comentario)
diez tomos de diccionario.
Una Polilla muy fina
entró a comprar naftalina.
La Foca de modo extraño
probóse un traje de baño.
Entró una Ratón a deshora
pidiendo un Gato de Angora,
Y un Ciempiés al poco rato
se llevó un solo zapato.
Llega un bisonte, arremete
y sólo quiere un chupete,
y en cambio el Conejo grita
que le vendan dinamita,
quiere el Elefante, en fin,
que el entreguen un violín.
Como ya no hay quién se entienda


 
Marta Brunet

Un grillo conmigo

 

Anoche abrí mi ventana
para que entrara la brisa,
pero en cambio entró un grillito
saltando y muerto de risa.

  Saltó sobre mi frazada...
las sillas... el escritorio,
derramando su canción
por todo mi dormitorio.

Salta y salta si me acerco,
salta más cuando lo miro,
al final tan solo escucho
canción de grillo escondido.

Yo no sé por qué se esconde
este grillito asustado
si solo quiero invitarlo
para que duerma a mi lado.
 
Edith Mabel Russo

La chica de la calesita



Cada tarde a las tres
ella sale de su casa
para cumplir con el trabajo
en la plaza de Caseros.
La calesita espera
que sus manitos recojan
cada boleto entre vuelta
y vuelta al ritmo de la música.
Con miedo toma la sortija
mientras la dueña hace señas
a esa no, a ese sí.
Cómo hacerle caso
cómo no ver la cara
de esa niña,
tal vez de su misma edad,
que pide a gritos
con los ojitos llenos de esperanza
por una vuelta más
sólo una más.


María Laura Decésare

Vocales



Son cinco las vocales
las vocales cinco son,
si quieres conocerlas
repite esta lección.

A, E, I, O, U
no hay nadie como tú.
A, E, I, O
no hay otro como yo;
pero la U se me escapó,
búscala en la escuela
que allí se me quedó.

 
 Carmen Tejeira de Vanegas

No le digas



No le digas, Estrella, que de noche suspiro,
ni le cuentes, tampoco, que en el azul navego;
que no sepa que, triste, ni advierto lo que miro
y no se entere nunca del porqué de mi ruego.

No le digas, Jazmín, que tu fragancia aspiro,
recordando su amor para llorarle luego,
y que es entonces sólo cuando amante respiro
y en tu casto perfume encuentro mi sosiego.

Dile Estrella, mejor, que contemplo dichosa
la lumbre de tu luz a mis deseos, fiel.
Dile Jazmín, siquiera, que el lirio y que la rosa

consuelan como tú en el antiguo vaso.
(Y que guarden los dos —sin que lo sepa él—,
el amor que le tuve y que me tuvo, acaso).
 
Marilina Rébora

¿Qué diría?

  
¿Qué diría la gente, recortada y vacía,
Si en un día fortuito; por ultra fantasía,
me tiñera el cabello de plateado y violeta,
usara peplo griego, cambiara la peineta
por cintillo de flores: miosotis o jazmines,
cantara por las calles al compas de violines,
o dijera mis versos recorriendo las plazas
libertado mi gusto de vulgares mordazas?

¿Irían a mirarme cubriendo aceras?
¿Me quemarían como quemaron hechiceras?
¿Campanas tocarían para llamar a misa?

En verdad que pensarlo me da un poco de risa.
 
 Alfonsina Storni